Gases de Efecto Invernadero (GEI)
¿Qué son los Gases de Efecto Invernadero (GEI)?
Las actividades humanas han generado y liberado a la atmósfera cantidades de Gases de Efecto Invernadero (GEI) por encima de los niveles naturales, lo que ha intensificado el efecto invernadero y, en consecuencia, ha incrementado la temperatura promedio del planeta.
Los GEI son compuestos presentes en la atmósfera que tienen la capacidad de aumentar su temperatura. Esto se debe a su habilidad para absorber y reemitir radiación infrarroja. Aproximadamente tres cuartas partes del efecto invernadero natural se deben al vapor de agua.
La velocidad de los procesos físicos, químicos y biológicos que remueven cada GEI determina su tiempo de permanencia en la atmósfera, el cual puede ser corto o largo. La evaluación y el control de estas emisiones, así como la conservación de los ecosistemas que absorben y almacenan carbono, constituyen la base de las medidas de mitigación del cambio climático. En este contexto, la comunidad internacional ha impulsado acciones para hacer estas medidas cada vez más amplias, efectivas y frecuentes, con el fin de cumplir la meta establecida en el Acuerdo de París (2015): limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2 °C hacia el año 2050.
Colombia, al firmar y ratificar la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), se comprometió, entre otros aspectos, a reportar periódicamente sus emisiones de GEI a través de las Comunicaciones Nacionales de Cambio Climático y los Informes Bienales de Actualización. Estos reportes se estructuran según los módulos definidos por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés): Energía, Residuos, Procesos Industriales y Uso de Productos (IPPU) y Agricultura, Silvicultura y Otros Usos de la Tierra (AFOLU).
En la época preindustrial (alrededor de 1750), la concentración de GEI se estimaba en aproximadamente 280 ppm de CO₂, lo que contribuía a mantener una temperatura media global cercana a los 13,17 °C. Actualmente (2014), debido a las actividades humanas relacionadas con la producción, extracción, asentamiento y consumo, la concentración atmosférica de estos gases ha aumentado significativamente, alcanzando cerca de 395,4 ppm de CO₂
(CDIAC, 2015).
2015
El incremento de GEI en la atmósfera aumenta la cantidad de calor retenido en el planeta. Esto ocurre porque la composición de la atmósfera cambia, permitiendo que se retenga una mayor proporción de la energía solar que es reflejada por la superficie terrestre. A mayor energía retenida, mayor temperatura. Esta cantidad de energía se mide en vatios por metro cuadrado (W/m²) y se conoce como forzamiento radiativo (FR).
El forzamiento radiativo es el proceso mediante el cual se altera el equilibrio energético del sistema Tierra–atmósfera, como resultado de cambios en la concentración de dióxido de carbono o en la energía emitida por el Sol. Un FR positivo tiende a calentar el sistema (más energía recibida que emitida), mientras que un FR negativo lo enfría (más energía perdida que recibida).
Con la concentración actual de GEI en la atmósfera, el forzamiento radiativo terrestre se estima en 2,43 W/m², lo que ha provocado un aumento aproximado de +0,83 °C en la temperatura media del planeta desde la época preindustrial (1750), situándola actualmente entre 14 y 15 °C.

Este aumento observado en la temperatura global, junto con las proyecciones de incremento continuo debido a las emisiones persistentes de GEI, plantea un desafío crítico para la humanidad. Esto ha impulsado la búsqueda de acuerdos internacionales orientados a estabilizar la concentración de GEI en la atmósfera entre 450 y 500 ppm de CO₂ equivalente hacia el año 2100. Alcanzar este objetivo aumentaría significativamente la probabilidad de que el incremento de la temperatura global no supere los 2 °C respecto a los niveles preindustriales.
Para lograr esta estabilización, las emisiones globales deben alcanzar un punto máximo (pico) en el corto plazo —momento en el que las emisiones asociadas al desarrollo basado en carbono alcanzan su nivel más alto— y posteriormente comenzar a disminuir como resultado de la implementación de medidas de mitigación efectivas. Cuanto más bajo sea el nivel de estabilización deseado, más rápido deberá alcanzarse este pico y más acelerada deberá ser la reducción de emisiones (UNITAR, 2014).
Proyectando que el pico de emisiones se alcanzaría alrededor de 2020, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estimó el volumen adicional de reducción necesario para evitar que la temperatura global supere los 2 °C. El análisis concluyó que, frente a un nivel promedio de emisiones anuales de aproximadamente 44 GtCO₂eq, y considerando las políticas y acciones existentes, sería necesario reducir entre 8 y 12 GtCO₂eq adicionales. Esto implica la necesidad de fortalecer el compromiso y la acción tanto de los países como de la sociedad en general para incrementar la capacidad de mitigación de los GEI.
El cambio climático se refiere a los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos. Las actividades humanas han sido el principal motor del cambio climático, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas.
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